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Puebla

Evocación del pasado

 

 

El legado monumental y cultural de Puebla contribuye a crear rincones inolvidables. Más de 2.600 edificios coloniales y vestigios precolombinos, iglesias barrocas, procesiones de Semana Santa, fuegos artificiales y hermosos patios que nos evocan a tiempos pasados, componen las estampas más hermosas de Puebla. Sus costumbres indígenas se unen a la solemnidad que se respira en los viejos barrios coloniales. El estado de Puebla es tal vez uno de los estados mexicanos que mejor han conservado su herencia colonial. La capital, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, está rodeada de los volcanes más imponentes del país. Muy cerca están la pirámide escalonada con mayor base del mundo y las hermosas iglesias del vecino Tlaxcala, entre otros. Posee además una vasta riqueza natural que se caracteriza por su diversidad, ya que tiene montañas, volcanes, zonas semidesérticas, valles, lagunas, frondosos bosques.

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Su capital Puebla de los Ángeles es conocida como “la ciudad de los azulejos” por la fama que desde antaño ha gozado su cerámica. En los talleres artesanos de esta ciudad se pueden ver a los maestros trabajar diseños con influencias mudéjares, asiáticas o indígenas. Algunas de las piezas más populares de la cerámica local son las copas, los platos, las fuentes y los azulejos. Precisamente por estas piezas de cerámica se conoce popularmente a la ciudad. Merece la pena acercarse al Zócalo y adquirir en alguna de las tiendas especializadas alguna de las piezas de cerámica mayólica (loza de barro de color blanco). La ciudad conserva un rico y espectacular patrimonio monumental en el que se incluyen hermosos ejemplos del estilo barroco. Algunas de las joyas arquitectónicas que pueblan las calles y plazas de la villa son: la Casa de la Cultura (antiguo palacio del obispo), la Catedral (de estilo renacentista), la iglesia de la Compañía (de estilo churrigueresco), el templo de Santo Domingo, el templo de San Francisco y el Museo de Arte Popular, instalado en el antiguo convento de Santa Rosa. La visita a la ciudad no estaría completa sin acercarse a cualquiera de sus excelentes restaurantes de comida típica mexicana y degustar en sus mesas la rica especialidad de la cocina de Puebla, el mole poblano, una salsa picante de cacao y otros muchos ingredientes que suele acompañar a los platos de pavo y pollo. …¡una experiencia gastronómica única! Los amantes de la naturaleza cuentan con numerosos espacios y accidentes geográficos de gran belleza paisajística y geológica, mientras yacimientos arqueológicos como los de Cholula dan muestras de la incesante actividad de estas tierras desde hace miles de años.

Historia

Primeros vestigios
Hace unos 2.500 años llegaron a Cholula los primeros pobladores del estado de Puebla, que se asentaron alrededor de una laguna, actualmente desaparecida. Su principal legado fue una gran pirámide, la mayor construida en Mesoamérica y dos veces más grande que la pirámide de Keops. Este gran monumento, dedicado a Chiconahui, dios de las 9 lluvias, está formado por varias pirámides que se fueron superponiendo durante seis siglos hasta convertirlo, hacia el siglo IV, en un basamento de 450 metros y 65 metros de altura. Cada nueva generación, al inicio de un ciclo solar, realizaba una nueva pirámide sobre la anterior, tapándose ésta con barro. De ahí que se conociera como Tlachihualtépetl, que significa “cerro hecho a mano”. A mediados del siglo XII se cree que los toltecas se refugiaron en esta ciudad y lo convirtieron en uno de sus centros ceremoniales más relevantes. En 1519 cuando Hernán Cortés llegó a Cholula, la pirámide estaba oculta, y unos años más tarde los españoles levantaron encima del montículo una iglesia en honor a la Virgen de los Remedios.
Otra de las ciudades poblanas primitivas es Huaquechula, cuya denominación proviene del náhuatl Cuauhquechollan, “junto a las hermosas y ricas plumas del águila”. Hacia el año 1110 diferentes grupos indígenas se establecieron en este mágico lugar. En el centro de Huaquechula se conservan valiosas joyas de las diferentes épocas que ha vivido la ciudad. La Piedra del Sol o Calendario, la cabeza fragmentada de Quetzalcóatl y la lápida, cuya fecha está inscrita en numeración prehispánica, son algunos de los ejemplos del esplendor precolombino en Huaquechula.

Los inicios de Puebla
La ciudad de Puebla, que lindaba con los señoríos de Cholula, Tlaxcala, Cuauhtinchan, Totimehuacan y Tepeaca, estaba en permanente estado de guerra. En algunas fuentes históricas de los siglos XVI y XVII aparece el lugar que hoy ocupa la capital bajo el nombre de Cuetlaxcoapan, que significa “río de culebras de pellejo”. Uno de los hechos más importantes en la historia de Puebla es el legado cultural de Juan de Palafox y Mendoza, prelado, administrador y escritor de obras históricas. Nacido en Fitero, Navarra, fue obispo de Puebla en 1639 y visitador general y virrey de la Nueva España en 1642. Juan de Palafox donó sus libros a la ciudad de Puebla y gracias a esto, se pudieron construir edificios que aún hoy se pueden admirar.

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Uno de los acontecimientos sociales más trascendentes de la capital tuvo lugar el 5 de mayo de 1862. Este día se enfrentaron unos dos mil hombres poblanos al mando de Ignacio Zaragoza y armados con herramientas caseras, a seis mil soldados franceses, “el ejército mejor entrenado de la época”. Otro de los hechos que vale la pena rememorar es la labor de los hermanos Serdán (Aquiles, Máximo y Carmen). Al inicio de la Revolución Mexicana el movimiento antireeleccionista unió a varios grupos políticos, pero Aquiles se destacó como partidario de Francisco I. Madero. Tras la visita de este líder político a la ciudad, los poblanos sufrieron el acoso de sus enemigos. El 18 de noviembre mientras la familia Serdán esperaba el registro de su casa, Aquiles mató de un disparo al jefe de la policía, iniciándose un tiroteo que duró alrededor de tres horas. La familia Serdán fue derrotada y Aquiles se escondió en el sótano. Cuando salió de su cobijo, un oficial lo fusiló. En su honor, frente al templo de Santa Clara, en la Calle 6 Oriente, está ubicado el Museo de la Revolución, donde se exhiben periódicos, mobiliario, fotografías y recortes de prensa que recrean la vida de Puebla al inicio de la Revolución.

La fundación de Puebla de los Ángeles
La ciudad de Puebla se constituyó el 16 de abril de 1531 en el valle de Cuetlaxcoapan. Fue la primera ciudad de estado que se fundó tras la Conquista gracias a la ayuda de un grupo de civiles, encabezados por fray Toribio de Benavente. Tanto la majestuosa Puebla como otras importantes ciudades del estado se levantaron con el esfuerzo de los indígenas de la región y de los españoles emprendedores. Así, proliferaron la agricultura y la ganadería. En lo referente a la arquitectura, surgieron iglesias, escuelas, hospitales y casas, en los que el sincretismo cultural dejó uno de sus más importantes legados: el centro histórico de la ciudad de Puebla, declarado por la UNESCO, en 1987, Patrimonio Cultural de la Humanidad; y más de 2.600 edificios de gran valor histórico, arquitectónico y artístico. Caminando por las calles del centro histórico de Puebla descubrirá espléndidos portones de las casas y magníficos edificios públicos. Parecería un detalle curioso, acaso reiterado, pero indudablemente significan bienvenida y pronto retorno: ¿qué otra cosa puede representar una puerta hermosa? La arquitectura poblana, de origen colonial, se observa en su trazo urbano, conventos e iglesias. ¿Pero qué decir de los azulejos, que lucen prácticamente en todas las edificaciones poblanas?

Entorno y medio ambiente

El estado de Puebla posee una vasta riqueza natural que se caracteriza por su diversidad. Los amantes de la naturaleza podrán disfrutar de inmensas montañas, zonas semidesérticas, verdosos valles y grandiosos volcanes, entre otros. Desde la época prehispánica se asentaron numerosas e importantes culturas en la zona, pues la situación geográfica propició el desarrollo de las mismas.

Parque Nacional Popocatépetl-Iztaccíhuatl
El Popocatépetl, que en náhuatl significa “montaña humeante”, es la segunda montaña más alta del país con 5.482 metros. De este grandioso volcán activo se obtuvo azufre hasta comienzos del siglo XX. Sus últimas erupciones tuvieron lugar en 1994 y en el 2000, ambas en el mes de diciembre. Cuenta, además, con cuatro conventos franciscanos ubicados en las laderas, declarados Patrimonio de la Humanidad en 1994, tanto por su valor artístico como por ser testimonio de la obra de los misioneros franciscanos, dominicos y agustinos, que convirtieron a las poblaciones indígenas al cristianismo a principios del siglo XVI. Iztaccíhuatl (o “mujer dormida”) es una montaña volcánica inactiva, ubicada a unos 20 kilómetros de la cima del Popocatépetl. Sus tres cumbres, de las que la central es la más alta, están permanentemente cubiertas de nieve y carece de cráteres. Sus laderas están cubiertas por bosques de coníferas y otras variedades de árboles.

Valle de Piedras Encimadas
A unos 25 kilómetros de Zacatlán, unas extrañas formaciones rocosas desafían las leyes de la gravedad. Es el valle de Piedras Encimadas, a unos 2.400 metros de altitud. Estas piedras monumentales, rodeadas de inmensos árboles de pinos, se alzan sobre tierras planas, inclinadas y elevadas. Su formación se debe a miles de años de erosión de la piedra caliza provocados por las lluvias y el viento. Estas extrañas figuras en su mayoría no superan los 10 metros de altura. Es un lugar mágico, adornado con rocas que forman figuras de caballos, elefantes, patos, dragones, duendes o rostros humanos con enormes narices, dependiendo de la imaginación del observador.

Cascada de la gloria
Este maravilloso paraje natural se halla enmarcado en un misterioso ambiente selvático en el que gigantescos árboles aparecen a la orilla de un riachuelo que serpentea a través de una cañada. La humedad existente, así como la penumbra del entorno, favorece la aparición de musgo y líquenes. La exuberante vegetación apenas deja ver el suelo, sepultado por una alfombra natural en la que habitan numeroso insectos, y las enredaderas trepan por los árboles en busca de la luz solar.

Grutas de Atepolihui
En la localidad de Nauzontla, típica población serrana de casas con tejados rojos, se puede contemplar una formación cavernosa de gran magnitud, que cuenta con 32 kilómetros explorables. Estas cuevas, conocidas desde tiempos remotos, poseen diversos ramales, algunos de los cuales sirven de drenaje natural a los pueblos cercanos. En su interior se han encontrado ofrendas prehispánicas, debido al respeto que los indígenas tenían hacia estas bocas de la tierra.

Laguna de Epatlán
Situada entre Xochiltepec y Epatlán, la laguna de Epatlán data aproximadamente del año 515. A su alrededor se encuentran pequeñas cabañas y es un magnífico entorno para practicar la bicicleta de montaña. Uno de sus mayores atractivos es probar las exquisitas mojarras que habitan sus aguas.

Necaxa
El río Necaxa es uno de los principales ríos del estado de Puebla. Nace al sur de Huauchinango con el nombre de Totolapa, y en su recorrido deja magníficas cascadas como el Salto Chico y Salto Grande. En zonas algo más tranquilas es muy común la práctica del rafting.

Ojo de Carbón
Este magnífico balneario, situado a 83 kilómetros de la capital del estado, goza de frescas y cristalinas aguas ligeramente sulfurosas, y está rodeado de inmensos jardines embellecidos con los tonos brillantes de las bugambilias. Además dispone de dos charcas naturales de bajo fondo.

Puente de Dios
Muy cerca de Molcaxac se localiza este hermoso entorno natural al que se llega después de descender una escalinata. Debido al perenne deslizamiento de las aguas del río Atoyac, las rocas de la sierra del Tentzo se cortaron. Probablemente un terremoto provocó que uno de los dos candiles que resultaron del corte se cayera sobre el otro formándose un túnel, por el que pasa el río. Merece la pena bañarse en sus inigualables piscinas naturales de aguas cristalinas.

Arte y Cultura

Cada región del estado tiene un producto único y representativo que forma parte del ser poblano, pues con gran derroche de creatividad, formas y colores puede apreciarse en la talavera, el ónix, el papel amate y los textiles bordados, que han recorrido el mundo poniendo en alto el nombre de Puebla. La producción de la talavera poblana comenzó en el siglo XVI. En 1531 algunos maestros procedentes de Talavera de la Reina, en la provincia de Toledo, introdujeron en Puebla esta industria. En 1580, los maestros loceros encontraron un excelente material para crear la artesanía pero, además, la fuerza económica que tenía Puebla ayudó a su difusión en varias ciudades de la Nueva España. El 5 de agosto de 1652 los maestros loceros eligieron a Diego Salvador Carreto, para que pidiera al virrey Luis Enríquez de Guzmán ordenanzas, que incluyeran penas y castigos con el fin de encauzar debidamente el arte de talavera. Enríquez de Guzmán apoyó lo solicitado y pidió, a su vez, que el Alcalde Mayor de Puebla reuniese a los demandantes y que éstos eligieran un veedor y dos diputados, para que redactaran las ordenanzas. Éstas constaban de 10 artículos, en los que se garantizaba fabricar y controlar la calidad de los productos de talavera. Como es natural, en ese articulado, se especificaba las normas relativas a la producción de la loza, como la calidad del barro y las cantidades de plomo y estaño; así como el tipo de ornamentación, las dimensiones y forma de las piezas y cocimiento.

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Las calidades de loza mencionadas en las Ordenanzas, se pueden agrupar en tres: común, entrefina y fina. La diferencia radicaba en el acabado, el contenido de estaño y, sobre todo, en la abundancia decorativa y los colores empleados en ellas. La común era rudimentaria, destinada a la cocina o servicios de mesa modestos. Sólo contenía dos libras de estaño de cubierta, y se decoraba con verde y otros colores inferiores y unos cuantos toques de azul. La entrefina, como su nombre lo indica, tenía más calidad. Con ella se fabricaban tazones y platos para la mesa. Las piezas policromas están decoradas con ramos de colores, y otras con figuras humanas o de animales, con los colores amarillo, naranja, verde, azul y negro. La loza entrefina era la de uso diario, por eso, al igual que la común, es difícil encontrar ejemplos de ella. La fina, obviamente era el producto más refinado. La cubierta o barniz debía contener seis libras de estaño (cuatro más de lo común) que le daban a la superficie de fondo un tono blanco, acentuado. Además, debía ser decorada con azul oscuro aborronado y plumeado, y horneada con el mayor aseo y limpieza. Generalmente, era loza encargada; no se fabricaba en serie. Así, el cliente determinaba el tipo de pieza, dimensiones, características y decoración que caracterizan a la loza fina. Y por eso aún es posible hallarla, pues se le manipulaba con cuidado. Esta loza se exhibe en museos y colecciones privadas.
Actualmente, la talavera poblana tiene como unidad de verificación de producto, para la Norma Oficial Mexicana: NOM-132-SCFI-1998 Talavera Especificaciones.

FUENTE: AA VV: Talavera contemporánea, México, Secretaría de Cultura del Estado de Puebla / Universidad de las Américas-Puebla / Uriarte Talavera, 1999.

En la localidad poblana de San Salvador Huixcolotla los artesanos elaboran el famoso papel picado, que tiene su origen en el siglo XIX, cuando obligaban a los peones a comprar productos en las tiendas de las haciendas, en donde se encontraba el papel de China. Desde ese momento, los poblanos empezaron a trabajar en esta tradición artesanal. En la actualidad se realiza papel picado con motivos religiosos para las festividades del Día de los Muertos y la Navidad. El procedimiento que siguen los artesanos poblanos es el siguiente: primero, colocan el dibujo original sobre las hojas de papel de China, y después trabajan con cinceles y martillos fajos de 50 hojas clavadas y superpuestas. Para este trabajo se requiere ser paciente, ingenioso y, como dicen los poblanos, “tener mucha fe en él”.

Las mejores compras

El Parián es uno de los mercados de la ciudad en los que el viajero puede encontrar artículos típicos de la zona a precios asequibles.
Puebla de los Ángeles es un destino ideal para realizar compras de artesanía mexicana, sobre todo de cerámica mayólica. Esta creación artística se caracteriza por ser una loza de esmalte metálico vidriado a la que se tiñe de azul. Se recomienda utilizar pesos en las compras y tarjetas de crédito en los principales comercios.

Todo lo que puedes hacer

Turismo de negocios
En el Estado de Puebla encontrará numerosos lugares excepcionales en los que celebrar sus reuniones de trabajo o exponer sus últimas novedades. Cuenta con palacios de congresos, auditorios, centros de reuniones y hoteles perfectamente acondicionados y equipados con la tecnología necesaria. Todas las salas se adaptan a cada una de sus necesidades, teniendo en cuenta el número de asistentes o el tipo de evento que vaya a organizar.

Ferias
Centro de Convenciones Puebla William O. Jenkins
Boulevard Héroes del 5 de Mayo, 402. 72000 Colonia Centro Histórico
Tel.: +52 (222) 2236 400; Fax: +52 (222) 2236 432
http://www.convenciones-puebla.com.mx/
El Centro de Convenciones Puebla William O. Jenkins es uno de los proyectos más ambiciosos del estado de Puebla. De fino trazo, rectilíneo, este centro de convenciones se complementa a la perfección con la arquitectura centenaria de Puebla de los Ángeles. Dispone de 17 salones y está dotado de aire acondicionado, una inmejorable iluminación, Internet, equipo de traducción simultánea, instalaciones de ISDN para videoconferencias, enfermería y sala de prensa. Además los visitantes tendrán a su disposición alrededor de 400 plazas de aparcamiento, un restaurante y un centro de negocios. Cada año participan en cada evento alrededor de 3.400 personas, que garantizan un servicio profesional. El Centro de Convenciones Puebla William O. Jenkins acoge convenciones, ferias especializadas, exposiciones y seminarios a los que acuden profesionales del sector. El Centro de Convenciones Puebla William O. Jenkins está muy cerca de los museos Amparo y de Arte Virreinal, de la Catedral de Puebla y de la espléndida capilla del Rosario. A un kilómetro se encuentra la zona de ocio 5 de Mayo y los barrios del Artista, el de Santa Clara, famoso por sus dulces y el mercado más importante de artesanías poblanas, El Parián.

Expo Puebla
Centro Histórico de Puebla
http://www.expopuebla.com/.
Expo Puebla, con más de 20 mil metros cuadrados de área de exposición, es un excelente recinto para presentar ferias regionales, nacionales y de negocios. Cuenta con amplios salones equipados con la tecnología más moderna y con todos los servicios que requieren las convenciones y los congresos. Puebla es una magnífica alternativa para el desarrollo de diversos eventos de negocios.

Infraestructura hotelera
En los últimos años los hoteles de Puebla se han convertido en una oferta ideal de alojamiento, en los que podrá disfrutar de la tranquilidad y el sosiego que ofrecen sus instalaciones. En el área metropolitana existen 20 hoteles de 4 y 5 estrellas, de los cuales 10 pertenecen a prestigiosas cadenas nacionales e internacionales. Además, en estos acogedores establecimientos podrá degustar los platos típicos mexicanos.

Platos Típicos

La gastronomía poblana, famosa mundialmente, surgió del sincretismo de dos culturas: la prehispánica y la española. La cocina francesa y oriental también le dieron un estilo único y distintivo. Los platos más exquisitos son el mole poblano y los chiles en nogada, sin dejar de mencionar las chalupas, molotes, cemitas, el pipián verde, las chanclas, los guajolotes, la tinga, los huitlacoches, gusanos de maguey, los escamoles y un sinfín de deliciosos platos. Tampoco se pueden olvidar los dulces típicos que son un verdadero placer al paladar, entre éstos las tortitas de Santa Clara, los camotes, los dulces de pepita, jamoncillos de piñón, frutas cristalizadas, gaznates, macarrones.

Guajolote (Pavo) en mole poblano
Cuenta la tradición poblana que el mole, plato clásico de México, nació de la inesperada enfermedad que acompañó a la madre del convento de Santa Rosa de Puebla, en el siglo XVIII, durante las vísperas en que el arzobispo fuera invitado a comer con las monjas. Un día antes de caer enferma la cocinera mayor y creadora de los mejores guisos del convento, la madre superiora llamó a la buena monjita que auxiliaba a la madre cocinera mayor y sin más ni más le ordenó preparar un buen platillo para el señor arzobispo, so pena de excomunión si no lo hace, “¡Jesús, María y José!”, clama la infeliz hermana ante semejante orden perentoria. ¿Y ahora qué hacer? Presta y veloz se decidió y fue a la despensa. Las cocinas poblanas son famosas por su orden, amplitud, hermosos azulejos que adornan sus paredes, parecidos a los de Talavera. Inmóviles en los estantes los tarros con finas especias, aguardaban y observaban cómo iba a resolver la religiosa de veinte años, el difícil trabajo que le habían encomendado. Las enormes ollas también parecían soñar atentamente lo que iba a realizarse en sus entrañas en tanto inmóviles dormían asidas a la pared.
El gran fogón ardía. Las cucharas de palo prontas al jubileo culinario. Todo el instrumental voraz que huele a barro, esperaba su turno, mientras la hermana iba y venía, y casi lloró de desesperación. Al final, se encomendó a Jesús y a María, y presurosa comenzó por sacar los diversos chiles picantes o dulces que tenía a mano: mulato, ancho, pasilla, chipotle. Con este inicio afirmó su mexicanismo. Los muele en el “molcajete”, una especie de mortero en uso desde la época prehispánica. ¿Qué será bueno agregarles? Ya está: manteca de cerdo. Pero para que sepa mejor, ¿qué tal un poco de chocolate? La mezcla no deja de ser original. ¿Y no sabrán bien algunas almendras y cacahuates? Pues sea. Y sigue moliendo aquella masa extraña. ¿Y de hortalizas? Tomates, cebollas y ajos. ¿Algo de harina? ¡Sí! Pan blanco y tortillas de maíz molidas, a la vez en comunión cercana. La euforia de la monjita estaba en su punto y no pudo negarse que tenía imaginación. Ahora incluyó a ésta poco ortodoxa mescolanza, pasas dulces y pepitas de calabaza. Esta preparación fue una verdadera aventura gastronómica. Finalmente pimienta, anís, clavo, canela, comino y ajonjolí. ¡La combinación va a explotar! La mañana se la pasó “muele que muele”, hasta lograr una pasta suave, grasosa y compacta. Ahora,
¿qué hizo con ella? Un pavo o guajolote para un caldo y disolver en él aquel amasijo de material inflamable para el estómago. ¡Ya está! Nació, de manera inesperada el más clásico y renombrado de los platos mexicanos, de una alta y refinada preparación culinaria: el “mole poblano”, que, por su complicada elaboración y el punto justo que requiere en nuestros días, exige las dotes de una gran cocinera. Se dice que el arzobispo, chupándose los dedos salpicados de mole poblano, perdonó, de por vida, los veniales pecados de su imaginativa, entusiasta y juvenil creadora.

Fernando Sánchez Mayáns: Rastros literarios, México, Conaculta / Ediciones del Equilibrista, 1997.

Los chiles en nogada
Después de firmar los Tratados de Córdoba, el 21 de agosto de 1821, el general don Agustín de Iturbide se dirigió hacia la ciudad de México y pasó la noche en Puebla, que encuentra en la ruta, su día del santo: el 28 de agosto. Para halagarle, se discurrió por las personas de su amistad y cariño, prepararle un platillo propio de la estación, y a manera de
expresarle la lealtad a la reciente consumación de la Independencia y a la creación del pabellón de las tres garantías, simbolizadas por los colores verde, blanco y rojo, que integran la enseña nacional.

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El oloroso perejil, las nueces con su carne de alabastro, y las granadas de la región, proporcionaron el apresto, y los chiles el pretexto, y la sabiduría culinaria de las matronas poblanas, el genio creador. Los chiles en nogada hicieron su entrada en la historia gastronómica y quedaron como tradición para la Angelópolis, haciéndose extensiva a otros Estados. Esta tradición no había sido muy valorizada, hasta el día en que el cineasta
Serguéi Mijáilovich Eisenstein que visitó Puebla durante la filmación de la epopeya “Que viva México”, en el año 1931, dictara enfáticamente, que los Chiles en Nogada, era lo más delicioso que había degustado en su vida.
Su receta es como sigue: se limpian y desvenan los chiles poblanos y se rellenan con picadillo de lomo de cerdo, uvas pasas, almendras, piñones, acitrón, pera y manzana, panela o piloncillo, y jitomate, que se cocina lentamente en su propio jugo. Ya rellenos los chiles, se rebozan o capean con huevo y se colocan en las fuentes o platones que habrán de lucir como centro de mesa. Una vez en su lugar, se cubren generosamente con el fiel aderezo de blancas nueces, y encima se dispondrá el perejil finamente picado, formando una franja, y la granada en la opuesta, quedando en medio la nogada. El aderezo se hace sencillamente pelando unas nueces llamadas de Castilla y tras remojarlas y molerlas, recabarlas con leche cocida. Aparte se habrá molido queso fresco. Poco antes de servir se combinarán la nuez y
el queso, procurando evitar la formación de grumos, y se le pondrá azúcar para endulzarla ligeramente.

Agustín Aragón Leiva, en Amando Farga: Historia de la comida en México, México, s / e, 1980 (2ª. Ed.)

Los mejores restaurantes de Puebla
Cocina mexicana
Mil Ochocientos
Blvd. San Felipe 2615-A
Rancho Colorado, Puebla

Mesón Sacristía de la Compañía
6 Sur 30, Callejón de los Sapos

Fonda de Santa Clara
3 Poniente, 307

Pardiños
Teziutlán Norte, 26, col.
La Paz, Puebla

Cocina Oriental
Chen’s
7 Sur, 1913, Centro Histórico

China House
Avenida Juárez, 2309, local A, col.
La Paz

Restaurante Chong
3 Sur y 35 Poniente, 3501-D, col.
Chulavista, Puebla

Cocina argentina
El Gaucho La Casa de Silvio Fogel
Avenida Juárez, 2317, col., La Paz

Che Garufa
San Martín Texmelucan, 61, col., La Paz

Chimichurri
27 Sur, 701, esq. Av. Juárez, col. La Paz

Cocina española
Restaurante Don Paco
Hotel Crown Plaza Avenida
Avenida Hermanos Serdán, 141

El Refugio de Cervantes
Avenida Hnos. Serdán, 807, col. San Rafael Poniente

La Conjura
Casa de Comidas Lentas
9 Oriente, 201, Centro Histórico

Cocina francesa
Las Novicias
Hotel Camino Real, 7 Poniente, 105

La Fondue
Tehuacán Sur, 46 B, col. La Paz

La Buena Mesa
Blvd. 5 de Mayo, 3510, local 33-C, Zona Dorada

Cocina internacional
Minas Gerais
29 Sur 119, col. La Paz

Mi Ciudad
Avenida Juárez, 2507, col. La Paz

El Santuario
Hotel Mesón Sacristía de Capuchinas
9 Oriente, 16, Antigua Calle de Capuchinas

Cocina italiana
Piccola Italia
Avenida Tezuitlán Norte, 1, col. La Paz

Vittorio’s
Portal 2 Sur 106

Donato Cammarano
22 de Septiembre, 1621, San Manuel

Cocina japonesa
Sashimi
31 Oriente, 606, Zona Dorada

Restaurant Takeshi
35 Sur, 2901-A, col. Santa Cruz

Katsuo
31 Poniente, 3508, Zona Esmeralda

Fiestas a tener en cuenta

Las fiestas y eventos culturales ocupan un lugar destacado en las tradiciones anuales del estado de Puebla. Algunas de ellas son religiosas y otras nos remontan hasta tradiciones paganas de los primeros pobladores de Puebla. A menudo, las celebraciones religiosas están acompañadas de danzas típicas y festejos populares. En Puebla no hay localidad sin fiesta característica y a lo largo del año se suceden sin descanso.

Fiestas tradicionales
El año comienza con la noche de Año Nuevo, el 31 de diciembre. Curiosamente no es llamada Nochevieja, lo que puede denotar una actitud más positiva y esperanzadora. El 6 de enero se festeja el Día de Reyes. Ese día se come el roscón, que esconde un muñequito de plástico. A quien le toque en la rebanada está obligado a montar una fiesta el Día de la Candelaria, el 2 de febrero. Este día los mexicanos llevan las imágenes del Niño Dios a los templos para que sean bendecidas. El Carnaval poblano se celebra de diferentes maneras, de acuerdo con cada región. En los pueblos indígenas, como todo lo autóctono, lo religioso se mezcla con lo profano, y viceversa, y se convierte al mismo tiempo en diversión y rito. Durante esta fiesta los indígenas visten trajes típicos de influencia europea o portan la indumentaria más vieja que tienen en casa. Según tradiciones ancestrales, las mujeres no pueden bailar en el carnaval, por lo que algunos hombres se visten de mujeres con los más extraordinarios huipiles.
En todos los municipios durante la Semana Santa tienen lugar celebraciones religiosas. En los pueblos indígenas muchas veces es una singular mixtura de las creencias prehispánicas con la religión católica, ya que durante la Conquista los frailes evangelizadores permitieron que los indígenas conservaran sus ritos. Los feligreses asisten a los templos con palmas y cruces para celebrar la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. El Viernes Santo, el Sábado Santo y Domingo de Resurrección son días festivos en todo el país.
El Día de los Muertos es una de las celebraciones religiosas más arraigadas en el calendario festivo de los pueblos mexicanos. Según las creencias, las almas de los difuntos regresan, y los hogares de quienes perdieron un ser querido se adornan con las famosas “Ofrendas o altares de muertos” para que no les falten los alimentos que les gustaban en vida. Pan de muerto, mole, chocolate y figuras de azúcar son algunos de los alimentos que podemos encontrarnos. Detrás de la comida se coloca las reliquias que recuerdan a los fallecidos y una cruz o una imagen de un santo. Habitualmente, también se adornan las casas con papel picado o plástico, velas, pero sobretodo con el ingenio popular. En algunas regiones se acostumbra a poner una alfombra con pétalos de cempasúchil desde la calle hasta la ofrenda para que las almas hallen fácilmente el camino.
Diciembre es el mes de la Virgen de Guadalupe, patrona de México. El día 12, la Basílica recibe a miles de mexicanos que, caminando o en rodillas, acuden en procesión para venerar a la “Madre de los Mexicanos”. En las vísperas, los artistas más populares cantan las mañanitas y numerosos grupos de “concheros” o “matachines”(danzantes) ofrecen sus bailes a la Virgen Morena.

Fiestas locales poblanas
En Puebla hay una gran afición a las corridas de toros. A la Feria de Puebla, que se celebra en abril o mayo, acuden las figuras del toreo de México y España, así como las mejores ganaderías. Una de las fiestas absolutamente mexicanos que se celebran en este estado son las charreadas o jaripeos. Este espectáculo, que se lleva a cabo en el campo o en las plazas de los lienzos, consiste en realizar diversas demostraciones con el lazo, tanto a pie como a caballo. Los palenques poblanos acogen a multitud de curiosos interesados en observar las peleas de gallos. En la mayoría de ferias y fiestas mexicanas nunca falta los fuegos artificiales. En Puebla existen grandes artesanos dedicados a este oficio. La cantidad y la vistosidad van de acuerdo a la importancia del evento y de las posibilidades económicas de la gente del lugar.
El día 5 de mayo se conmemora la Batalla de Puebla, cuando el ejército de Juárez derrotó a las fuerzas militares francesas de Maximiliano, finalizando la ocupación europea.
Otro de los acontecimientos tradicionales de Puebla son los Toritos, hechos con alambre o de varas cubiertas con un petate o con la piel de un animal. Durante esta fiesta un hombre se coloca el armazón en la cabeza y corre, mientras estallan girándulas y cohetes distribuidos a lo largo de la estructura. El torito poco a poco se va quemando y los espectadores se van alejando según va avanzando, y solamente los niños más atrevidos lo persiguen hasta que estalla el último petardo.
Desde la época prehispánica, las danzas han formaban parte de los rituales más importantes y en la actualidad permanecen como una manifestación indispensable de la cultura poblana. Cada región conserva sus propias danzas y las van mezclando con nuevas aportaciones creando bellos mosaicos de color y movimiento. Los Moros y Cristianos, Los Santiagos, Los Quetzales, El Palo Volador y Los Negritos son algunas de las danzas mexicanas más famosas.

Transportes

La ciudad de Puebla de los Ángeles está ubicada a 120 km de Ciudad de México. Limita al norte con los estados de Hidalgo y Veracruz, al este con Oaxaca, al sur con Guerrero y al oeste con Morelos, Tlaxcala, Hidalgo y el estado de México.

Avión
El Aeropuerto Hermanos Serdán está a 22 kilómetros al oeste de Puebla de los Ángeles, en la carretera Cholula- Huejotzingo. Es un aeropuerto de gran actividad turística y comercial, que cubre los vuelos a Guadalajara, Monterrey y Tijuana con diversas compañías aéreas.
También se puede realiza vuelos a León y Ciudad de México con Aeromar. Otra de las opciones que tienen los turistas es volar hasta el Aeropuerto Internacional de Ciudad de México, ya que es más sencillo trasladarse de la capital mexicana a Puebla, que de Huejotzingo a Puebla. Cada media hora parten autobuses de la línea Estrella Roja con destino a Puebla.

Automóvil
A Puebla se puede llegar en dos horas desde Ciudad de México por la autopista 150 D. La capital poblana se encuentra a tres horas de Oaxaca y Veracruz, y a cinco de Acapulco.

Cholula
Huaquechula
Puebla de los Ángeles
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