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Amalgama de culturas
El patrimonio histórico, monumental y cultural de Oaxaca abarca mucho más que sus ciudades coloniales, yacimientos prehispánicos, tradiciones y leyendas. La capital, Oaxaca, es un enclave único de casas pintadas de colores llamativos y calles empedradas y con uno de los Zócalos más hermosos de México. Aquí es posible ver desde primera hora de la mañana a los oaxaqueños charlando a la sombra de los laureles de la India o tomando algo tan típico como un chocolate de agua, un café de olla o un mezcal.
A escasos kilómetros se encuentran los vestigios precoloniales más fascinantes del estado, Monte Albán, donde sus templos rituales, su plaza, sus pirámides con empinadas escalinatas y sus campos para practicar el juego de pelota nos permiten evocar aún hoy en día su forma de vida.
En Mitla confluyen las ruinas de un antiguo centro zapoteca con una iglesia en honor a San Pablo Apóstol. Con más de 450 kilómetros de playas bañadas por el Pacífico, Oaxaca disfruta de numerosos arenales de aguas cristalinas y un mar de colores verdes y azules con varios tipos de oleajes. Allí pasará, sin duda, unas vacaciones inolvidables.
Oaxaca es también uno de los estados más montañosos de México y posee cumbres de más de tres mil metros de altura y algunas de las cavernas más profundas del mundo. Además, selvas escondidas y valles luminosos acogen a poblaciones donde se funden, como en un crisol, las culturas de todos los pueblos que han pasado por su piel. Oaxaca es célebre, además, por sus productos artesanales, alebrijes, orfebrería y diseños textiles indígenas además de contar con una extensa variedad gastronómica y de condimentación que hará las delicias de los que gusten a probarla.
Entorno y Medio Ambiente
La orografía accidentada del estado de Oaxaca brinda paisajes inolvidables. Tres cadenas montañosas cruzan su territorio y, al encontrarse, ofrecen postales de espléndida belleza y riqueza natural. Las originales formaciones rocosas, anudadas a la corriente de los ríos, han originado innumerables y hermosas cascadas. Hierve el Agua, las grutas de San Sebastián, las cascadas de Llano de Flores, el milenario Árbol del Tule, las lagunas de Chacahua y las dunas costeras le dejarán sin palabras.
Si desea pasar unas insólitas vacaciones en la costa, una de las opciones más atractivas es la bahía de Huatulco: más de treinta playas de aguas en tonos verde azulado y suave oleaje y frondosas selvas acogen a cientos de especies animales y una gran variedad de mariposas. La bahía de Santa Cruz, donde se encuentra la mayoría de los arrecifes de coral, y la bahía Riscalillo, a la que sólo se puede acceder en lancha, poseen un alto valor ecológico. Quizás otro de los parajes paradisíacos más conocidos de Oaxaca es Puerto Escondido, conocido como la Costa Esmeralda. Con playas de arena blanca y fina y cristalinas aguas, es posible sumergirse en ellas y explorar su fondo rocoso y arenoso habitado por abundante fauna marina. Además, los más intrépidos podrán practicar surf en la playa Zicatela, pues sus olas suelen alcanzar los seis metros de altura.
Hierve el Agua
Es una de las maravillas de Oaxaca, formada hace miles de años, y, probablemente, uno de los lugares sagrados de los antiguos zapotecas. Quizás se creo aquí debido a sus grandes contrastes naturales, pues está en el corazón de una abrupta sierra de extrema aridez. Enclavadas en un indescriptible paisaje franqueado por elevadas y verdes montañas, el agua de las cascadas petrificadas, que cae de una altura de 50 metros, procede de unas bellas piscinas naturales donde es posible darse un chapuzón, ya que la temperatura del agua oscila entre los 22 y 25º C durante todo el año. Sin embargo, la belleza natural no es el único atractivo de Hierve el Agua. También es un revelador sitio arqueológico cuya historia ha arrojado luz acerca de diversos aspectos de la cultura y el estilo de vida de sus antiguos habitantes. A este lugar acuden numerosos arqueólogos, biólogos y geólogos interesados en un complejo sistema de riego que se construyó aquí hace más de 2.500 años y del cual sobreviven vestigios significativos. Estos estudios han explicado el funcionamiento de las terrazas y canales que cubren una amplia extensión en torno a la zona del anfiteatro, que es la que recibe visitantes.
Las grutas de San Sebastián
Rodeado por un bello paraje, se encuentra este sistema de grutas con varias ramificaciones. Actualmente, sólo una de ellas ha sido explorada y es la única con acceso para visitas turísticas y tiene cinco salas con alturas que van de los 20 a los 70 metros. El interior de la gruta alberga formaciones calcáreas que se asemejan a construcciones barrocas de gran refinamiento, de las que destacan una impresionante columna y dos estalagmitas de 15,5 y 7,5 metros de altura y 3,9 y 7,9 metros de diámetro. Algunas de las incalculables estalactitas y estalagmitas, de diferentes tamaños y formas, han sido bautizadas por los lugareños con nombres alusivos, como son: "los enamorados", "la campana", "el lagarto", "el monje" o "el fósil de rinoceronte". Dos grandiosas concreciones de aragonita parecen dos cascadas de espuma por su blancura y su destello al recibir la luz artificial. Un río subterráneo pasa a 30 metros por debajo del nivel por el que se camina y es posible escucharlo a mitad de la gruta. Al salir, se inicia un paseo de regreso muy agradable, por un parque donde el río San Sebastián forma un manantial de agua cristalina que ha propiciado el crecimiento de una hermosa vegetación.
Ecoturismo
Es una elección recomendable si desea apreciar y conocer la naturaleza a través de su interacción con ella. En Oaxaca, este segmento del turismo alternativo presenta al menos cinco especialidades. La primera consiste en nadar en pozas o balnearios naturales, una placentera actividad que le permitirá disfrutar de aguas tranquilas o en movimiento, refrescarse o relajarse en ellas, y escuchar el sonido de una cascada.
Las dos siguientes, la observación de la flora y de la fauna, van encaminadas a apreciar y estudiar el hábitat y el comportamiento de todas las especies que viven en la región. Oaxaca está considerado uno de los estados con mayor variedad de especies de animales de México, a pesar de que muchas están en peligro de extinción; y la cuarta en observación de fenómenos y atractivos naturales. La quinta le dará la oportunidad de participar en programas de rescate de la flora y la fauna. Debido al cambio climático y las alteraciones ambientales de los últimos años, se han creado diversas instituciones que cuidan y protegen el ecosistema. La cooperación en estos programas, como una vertiente del ecoturismo, incluye el apoyo en las labores de preservación y conservación de especies, con mayor atención a aquellas que se hallan en peligro de extinción.
Arte y Cultura
El estado de Oaxaca posee un vasto patrimonio cultural, herencia de la unión de las culturas indígena y popular. La sensibilidad y creatividad de sus habitantes hacen que en las siete regiones florezca un tesoro cultural que ha dejado valiosas pruebas de su talento e inspiración. Este arte popular, gracias a su belleza, calidad y precios, constituye uno de los principales reclamos turísticos. Los testimonios de su tradición y de su inventiva están presentes en todo el territorio, donde seis mil pueblos mestizos e indígenas y dieciséis etnias albergan a más de quinientos mil artesanos. Con el barro, la madera, el metal y la piedra obtienen verdaderas obras maestras. La diversidad de su artesanía abarca la curtiduría, la talabartería, la hojalatería, la cerámica, la cantería y la joyería. Los textiles de algodón, los tapices de lana y los objetos de barro negro son también un atractivo típico y representativo de Oaxaca.
Aparte de la destreza de su gente, la región destaca por sus zonas arqueológicas o construcciones coloniales, tanto religiosas como civiles. Éstas gozan de fama mundial e imponente belleza, además de varios milenios de historia. Monte Albán y Mitla atraen al mayor número de turistas, pero también sobresalen sitios como Yagul, Lambityeco y Dainzú. Aquí están plasmados los orígenes del pueblo oxaqueño; son lugares mágicos que hay que visitar para sentir la luz, el aroma y la emoción que revela su pasado.
En cuanto a su arquitectura, Oaxaca es punto de reunión de la tradición indígena y la cultura hispánica. Los magníficos edificios novo-hispánicos reflejan la sencillez y sobriedad de unos y el lujo de los otros. Entre ellos, resaltan las iglesias y conventos monumentales de la ciudad de Oaxaca y Cuilapan, en los valles centrales, y los de Yanhuitlán, Teposcolula y Coixtlahuaca, en la Mixteca. En la construcción de la mayoría de los templos, que datan del siglo XV, se empleó piedra verde de cantería, muy común en la arquitectura oaxaqueña. En la Nueva España, las órdenes religiosas establecieron los caminos de La Cruz para extender su labor evangelizadora y allí surgió la capilla abierta, un espacio adicional para acoger a las masas indígenas en los lugares de adoctrinamiento. Los artesanos de la región contribuyeron con esculturas y pinturas en las fachadas y los retablos, un ejemplo perfecto de la alianza de dos grandes culturas.
Tradiciones y Costumbres
En Oaxaca vive una población indígena que supera el millón de habitantes y que supone más del 32% de los ciudadanos del estado. Las distintas comunidades indígenas conservan formas propias de gobierno y se rigen por sus sistemas normativos, conocidos como usos y costumbres. Este término no designa un reglamento informal de creencias religiosas, culturales y sociales, sino un código de normas colectivas construido a través de los siglos y que convive con el sistema de gobierno moderno gracias a su flexibilidad y coherencia. Estos pueblos persisten con firmeza en su decisión de mantener sus normas y defender así una identidad y organización propias, cuya fuerza actual se refleja en la historia como un hilo continuo de rebeldía a la imposición de leyes ajenas. Para conocer las tradiciones de Oaxaca nada mejor que acercarse a sus múltiples festividades populares. En ellas pervive el pasado a través de los cantos, los disfraces, los trajes típicos y las calendas. El sentir de cada fiesta varía según la celebración, pero no suele faltar el baile, la música, el ritmo de la marimba y de las orquestas y las danzas con sabor prehispánico, colonial o cargadas de elementos mágicos.
Platos típicos
Si bien en todo México podrá degustar deliciosos platos elaborados con productos autóctonos, en Oaxaca encontrará una gastronomía genuina. Un ejemplo de ello son los chapulines o diminutos saltamontes que se sirven a la plancha con sal y limón y que según cuenta una leyenda, quienes los saborean siempre vuelven a Oaxaca.
Muy típico es también el mezcal, un licor que ya en el pasado era utilizado no sólo en las ceremonias y rituales, sino también para realizar masajes y curaciones y, en ocasiones, para bendecir la cosecha del maíz. Hay mezcal puro, sin añadidos, y mezcales con frutas naturales y almendrados. Pero el más apreciado a nivel mundial es el mezcal acompañado de un gusano frito que se añade a la botella vivo para que le aporte un sabor y un olor característicos. El mezcal aún se produce con los sistemas rudimentarios de hace más de doscientos años y, aunque actualmente existen varias poblaciones en las que se fabrica, su elaboración se inició en Santiago Matatlán, a 47 kilómetros de la ciudad de Oaxaca.
Otras bebidas populares son el pulque, el tepache (mezcla fermentada de pulque, panela y alguna fruta, generalmente piña) y la cerveza mexicana. Los oaxaqueños suelen tomar también un chocolate de agua o leche caliente, ya sea en el desayuno o en la cena, acompañado con pan de yema o pan de amarillo. Entre las bebidas refrescantes, están el tejate, elaborado con maíz, cacao blanco, huesitos de mamey, flor de caco y azúcar, y las aguas frescas, que saben a cerveza de piña, a horchata de melón o a guanábana con almendra. El agua de chilacayota merece un capítulo aparte: está endulzada con panela y mezclada con la pulpa de la piña, canela y cáscara de limón.
Oaxaca es, además, reconocida por sus dulces y antojitos regionales. De su repostería destacan las tortitas, turrones, tortillas de huevo, paletas de frutas, semillas dulces, néctares helados y el quesillo, que es el producto más popularizado en el país. Una auténtica quesadilla oaxaqueña consiste en una tortilla de maíz en la que se coloca un trozo de quesillo, una ramita de epazote y un poco de chile verde. Para continuar y como ejemplo de la exquisitez oaxaqueña, hay que probar las nieves vueltas sorbete, de leche quemada y de tuna.
Y si no quiere perderse ni un detalle gastronómico en su visita a Oaxaca, deberá degustar los célebres moles. Es una de las comidas más ricas e interesantes del mundo y aquí encontrará la mayor variedad: el mole negro, el colorado, el coloradito, el chichilo, el verde, el amarillo y el mancha manteles denotan la diferencia entre razas, climas y otras peculiaridades que los hacen únicos.
Fiestas a tener en cuenta
Guelaguetza
Tiene lugar en la ciudad de Oaxaca y forma parte de los cultos populares a la virgen del Carmen. Se festeja en la actualidad como se hacía en el pasado: el primer lunes siguiente al 16 de julio y se repite ocho días después con el nombre de “octava”. Sus raíces se encuentran en el culto a la diosa Centéotl y se celebra desde antes de la ocupación española, hace más de quinientos años. Es un acontecimiento en el que participa todo el pueblo, sin distinción de estatus social. Su nombre significa “regalo, ofrenda mutua” y es una inmejorable ocasión para comprobar el espíritu generoso y hospitalario de la gente de la ciudad. Un sinfín de actividades culturales revela el sentir oaxaqueño en un escenario de color, música, historia y orgullo.
En la Guelaguetza, o fiesta de los Lunes del Cerro, grupos de las siete regiones ofrecen una muestra de su patrimonio a través de bailes al son de la música y de cantos propios, vistiendo la indumentaria de gala de cada pueblo. En los últimos años, se han sumado otros espectáculos folclóricos, como un desfile de las delegaciones que tiene lugar el sábado anterior al primer lunes de fiesta. Entre el primer lunes y su octava acontecen diversas actividades: muestras gastronómicas, artesanales y deportivas, representaciones costumbristas, exposiciones, conciertos y otros eventos culturales.
Noche de Rábanos
El 23 de diciembre, en el Zócalo de la ciudad de Oaxaca celebra la Noche de Rábanos, una fiesta netamente popular, en la que hortelanos y floricultores exhiben diseños originales realizados con el rábano. Hoy en día, incluyen figuras de flor inmortal y totomoxtle. La fiesta se inicia a las cinco de la tarde y, aunque dura sólo unas horas, reúne a todos los habitantes de la ciudad. Ésta es la festividad navideña de mayor tradición. Los cuadros están inspirados en distintos motivos, como el nacimiento de Jesús o la llegada de los Reyes Magos, y en los orígenes y ritos de las tradiciones oaxaqueñas.
El inicio de esta fiesta se remonta a hace más de un siglo, cuando los hortelanos que vendían sus verduras en la Plaza de Armas de la vieja Antequera colocaban de manera artística sus rábanos, lechugas, nabos y cebollas para hacer más atractivos sus puestos. Este hábito fue arraigándose y hasta las amas de casa solicitaban estas figuras para decorar sus mesas. Parece ser que el presidente municipal, Francisco Vasconcelos, organizó la primera exposición el 23 de diciembre de 1897.
Todos los participantes reciben un diploma como estímulo a su esfuerzo y grupos y coros musicales amenizan la espera en las horas previas a la instalación de los puestos. A las cinco de la tarde, los jueces y el público marchan en un paseo lento para contemplar cada obra. Tras la entrega de premios, los juegos pirotécnicos ponen fin a una fiesta única y digna de admiración.
Semana Santa
El viernes anterior al Domingo de Ramos arranca el calendario festivo de Semana Santa. En diversos domicilios particulares, las familias instalan ese día altares en honor a la virgen. Del resto de festejos, son tradicionales las palmas en la Catedral el Domingo de Ramos, las ceremonias del Martes, Jueves y Viernes Santo y la solemne Procesión de Pésame que el Viernes Santo parte del atrio de la Basílica de la Soledad y recorre las principales calles del centro histórico de la ciudad de Oaxaca.
La ceremonia del Vía Crucis, durante la cuaresma, es también una vieja costumbre del culto público que reúne a una multitud de fieles seguidores. En el templo de Tepeaca, y desde épocas inmemoriales, los devotos se reunían cada viernes de cuaresma para practicar el Vía Crucis, muy temprano para contar con la asistencia de los vecinos que se dedicaban al oficio de la curtiduría. Después, los ciudadanos saboreaban los antojitos que se vendían en torno al templo, donde también se ofrecían claveles, rosas, alhelíes y otras flores cortadas de madrugada en los jardines de Xochimilco, de la Trinidad y de Cuatro Caminos. De vuelta al hogar, paraban en el Llano de Guadalupe, hoy Paseo Juárez el Llano. En la actualidad, la gente joven disfruta en este lugar de las marimbas y obsequian con flores a las gentiles damas.
La Samaritana
Una de las tradiciones más coloridas es, sin duda, la del Viernes de Samaritana, una peculiar festividad que los católicos celebran el cuarto viernes de cuaresma. Basada en el pasaje bíblico donde una mujer ofrece agua a Jesús de Nazaret para refrescarse, es costumbre en Oaxaca que tanto en los atrios de los templos de la ciudad como en mercados, escuelas, casas particulares e instituciones públicas se regalen aguas frescas de varios sabores, como horchatas mezcladas con melón, nuez, sandía, mango, pétalos de rosa, jamaica y tamarindo. Recientemente, se ha incluido el tejate, una bebida tradicional a base de cacao y maíz. Los puestos son adornados con papel de china y flores de bugambilia y están realizados con palma y carrizo. En algunos casos, incluyen un pozo simulado, al estilo del pozo de Jacob, que también es decorado. Las mujeres se visten con los trajes tradicionales oaxaqueños y lucen vistosos vestidos típicos. La fiesta se completa con grupos musicales que tocan desde las once de la mañana hasta entrada la noche. La conmemoración de este pasaje se originó en tiempos que se pierden para la memoria, aunque fue en el siglo XIX cuando comenzó la celebración en los atrios de algunas iglesias. La de San Francisco y La Merced fueron de las primeras.
Las Velas
Santo Domingo Tehuantepec se ubica, aproximadamente, a 250 kilómetros al sureste de la ciudad de Oaxaca, y celebra sus más famosas “velas” el 26 de diciembre. Las damas del Istmo bailan al ritmo de La Sandunga, la canción más popular del territorio, y lucen, por regla general, el típico traje de tehuana.
Las fiestas religiosas llamadas “velas” se preparan en honor a un santo, una virgen o un héroe e incluyen misas, un desfile de carretas y carros alegóricos y otros actos tradicionales. Por las noches hay un convite y baile popular. Además de la Vela Tehuantepec, existen otras. En la Vela Sandunga, que se festeja una noche de la última semana de mayo, se corona a la reina de la Sandunga, y cada una de las velas está a cargo de un mayordomo. Tienen como finalidad conservar sus tradiciones y que la comunidad istmeña se concentre y conviva con sus allegados.
Día de Muertos
Los días 1 y 2 de noviembre, en todos los cementerios, las tumbas de los difuntos son decoradas vistosamente con flores. En las casas se colocan altares con ofrendas florales, frutas y comidas. No falta el mezcal, cigarros o cualquier otro regalo al gusto del ser querido que ha desaparecido. Se cree que el Día de Muertos los espíritus rinden visita y toman la esencia de las ofrendas.
Virgen de Juquila
La Virgen de Juquila es una pequeña imagen que perteneció a Fray Jordán de Santa Catalina. Éste la donó a un indígena natural de Amialtepec y allí comenzó su culto. La fiesta que se celebra en honor a ella es una gran feria popular y tiene lugar el 8 de diciembre. En la ciudad de Oaxaca, en la víspera y en el día de la festividad, parte una de las romerías más coloristas y animadas. Fuegos artificiales, actividades deportivas y culturales y bailes populares se funden con la rendida de culto, la procesión, las mañanitas y los antojitos típicos.
Virgen de Guadalupe
La fiesta de la Virgen de Guadalupe, el 12 de diciembre, es de carácter religioso nacional y se vincula a la leyenda de la aparición de la Virgen del Tepeyac, patrona del país. Es la fiesta mexicana por excelencia y en Oaxaca se festeja con alegría y esplendor. Aquí, la celebración empieza con las mañanitas a la Virgen y concluye después de la misa, por la noche, con fuegos artificiales y puestos de antojitos. Los diversos gremios compiten por ver quién rinde culto con mayor lucimiento y participación. Destaca su calenda y es un día de fiesta popular que dura veinticuatro horas. En la víspera, es tradición llevar a los niños y recién nacidos en peregrinación de la Catedral al Santuario.
Virgen de la Soledad
En los primeros años de la colonia, aparece la devoción a Santa María de la Soledad, patrona de la ciudad. En sus orígenes, el culto era modesto, pero con el tiempo arraigó en las costumbres de los oaxaqueños. Casi todos los pueblos poseen una réplica de esta imagen y en la ciudad podemos ver algunas de gran calidad como la de San Felipe Neri, San Juan de Dios y La Merced. El 18 de diciembre es el día de máximo júbilo religioso, con fiesta, repiques de campanas, música, celebraciones litúrgicas y quemas de fuegos artificiales a partir de las cuatro de la mañana. Innumerables puestos de empanadas y nieves oaxaqueñas aportan el toque de sabor.
Calendas
La noche del 24 de diciembre, en el Zócalo de la ciudad de Oaxaca, concluye la celebración de las tradicionales "posadas", que rememoran los esfuerzos de la Virgen María y de San José para encontrar alojamiento en Belén. Esa noche, todos los templos católicos de la ciudad preparan una carroza en la que representan una alegoría de la Navidad o del santo patrón de su barrio. Las carrozas coinciden a las once de la noche en la Catedral.
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