Historia
Un variado conjunto de naciones y culturas ha ocupado Bélgica a lo largo de su historia: celtas, romanos, pueblo bárbaros, franceses, neerlandeses… han configurado las costumbres y la riqueza lingüística.
Conquistado por tribus germánicas, cristianizado en el siglo VII y fracturado durante el imperio francés, gran parte del país vivó una época dorada de prosperidad y florecimiento de las artes en el siglo XIV. El auge de las ciudades flamencas de Ypres, Brujas y Gante, especializadas en la industria textil, dio paso a la riqueza de Amberes como primer puerto europeo. Un siglo después, con el dominio español, llegó la decadencia. Tras sucesivas guerras y ocupaciones varias, Bélgica logró su independencia en 1830 y en el siglo XX, después de las dos guerras mundiales, inició un crecimiento económico que ha continuado hasta nuestros días y se ha visto incentivado al ser elegida sede de la Unión Europea y de la Organización del Tratado del Atlántico Norte.
Época antigua
El actual territorio belga se hallaba habitado en el siglo II a.C. por pueblos indogermánicos. Cuando Julio César conquistó la Galia en el año 57 a.C., vivían en Bélgica los celtas, hasta que los romanos se apoderaron de toda la zona. Cuando el Imperio Romano se debilitó durante la Pax romana, el territorio se fracturó en tres provincias. Los pueblos bárbaros se fueron instalando y esto dio origen a las fronteras lingüísticas que han llegado hasta nuestros días. El territorio, debido a las sucesivas invasiones, no tardó en ser objeto de pequeñas divisiones en soberanías feudales. Es la época de las Cruzadas.
Durante los siglos IV y V, los Duques de Borgoña reunieron un buen número de condados y ducados medievales en lo que se llamó los Países Bajos. En el siglo XV el territorio pasó a formar parte del Ducado de Borgoña. Fue un periodo de decadencia, pero también rico en construcciones, arte, fiestas y extravagancias, como la boda de Carlos el Temerario y Margarita de York. Las nupcias duraron nueve días y se recuerdan como uno de los acontecimientos más excéntricos y fastuosos de aquella época. Se dice que los manjares que se sirvieron en el banquete llegaron en treinta navíos con mástiles de plata bañada en oro, las cuerdas eran de hilos de plata y las velas de seda púrpura.