En los Países Bajos, el soberano realizó la unidad territorial iniciada por los duques de Borgoña. En 1548 concedió una cierta autonomía al Estado de las Diecisiete Provincias, organizando la sucesión del gobierno de cada una de las provincias con un código conocido como la Sanción Pragmática, por la que a su muerte todas seguirían obedeciendo a un mismo soberano y a una misma legislación central.
Carlos V favoreció el desarrollo artístico y el intercambio cultural entre los artistas de su pródigo imperio. Pero también fue célebre por sus persecuciones religiosas, poniendo en práctica el modelo de la Reconquista y de la Inquisición heredado de España.
Al abdicar Carlos V, comenzaron las luchas por la libertad política, que coincidieron con las religiosas de los protestantes. Carlos V traspasó sus posesiones a su hijo Felipe II. Este rey, muy católico, chocó con los habitantes de los territorios que comenzó a gobernar. Se produjeron revueltas con quema de iglesias inclusive. El monarca decidió entonces enviar allí a sus tropas con el Duque de Alba, Fernando Álvarez de Toledo, al frente. La Guerra de Liberalización con acentos religiosos contra España (1568-1648) provocó la separación de las provincias del norte, que hacia el año 1600 constituyeron un estado independiente. La Unión de Arras, que aglutinaba a los católicos, fue el centro de Bélgica y los protestantes, fusionados en la Unión de Utrecht, se concentraron en lo que hoy llamamos Holanda o Países Bajos (en realidad, Holanda sólo es la parte central de los Países Bajos).
La Corona española dirigía los Países Bajos a través de sus gobernadores elegidos por el rey. La guerra y la paz se superpusieron hasta que se firmó el Tratado de Utrecht en el año 1713. La parte de los Países Bajos que pertenecía a España pasaría a partir de entonces a la casa de los Habsburgo en Austria.
Napoleón
La Revolución Francesa, que se extendió a finales del siglo XVIII por la región, anexionó a los Países Bajos. Napoleón transformó la administración y las instituciones, confiriendo una unidad política y cierta conciencia nacional a los belgas. Después de la derrota de Napoleón en Leipzig en el año 1813 por todos los ejércitos europeos, el orden territorial cambió.
Tras el Congreso de Viena, que presidía el austriaco Metternich, se creó un nuevo Reino de los Países Bajos, uniendo a belgas y neerlandeses. Pero en 1830 una revuelta expulsó a los holandeses de Bélgica. Entonces tuvo lugar la Declaración de Independencia de la parte meridional de los Países Bajos y se creó un nuevo reino bajo Leopoldo I. Fue la primera monarquía liberal y parlamentaria del continente europeo.